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¿El sol es bueno o malo para la salud? Mi respuesta integradora

  • Foto del escritor: Muntsa Royo
    Muntsa Royo
  • 30 jun
  • 8 min de lectura

Un debate recurrente. ¿Pero qué sabemos realmente? El sol tiene beneficios y riesgos para la salud y la evidencia científica actual sugiere que las recomendaciones deben adaptarse a cada persona. El único consejo universal es: evita quemarte. Desde mi visión como médica de familia con una perspectiva integrativa y evolutiva, voy a combinar criterio clínico, evidencia científica y conocimiento tradicional para aportar algo de claridad a este tema.


¿El sol es malo?

El Sr. Burns intentando tapar el sol. Los Simpsons
El Sr. Burns intentando tapar el sol. Los Simpsons

El sol es el Sol, ni bueno ni malo. Sin él, la inmensa mayoría de la vida compleja desaparecería rápidamente, aunque algunos microorganismos podrían sobrevivir durante mucho más tiempo gracias a fuentes alternativas de energía. Gracias al sol, el planeta Tierra es el que es y eso nos incluye a nosotros, los seres humanos. Hemos evolucionado, como las plantas, los animales y muchos microorganismos, bajo la influencia del sol y estamos adaptados a él. Por tanto, el sol es necesario.


Entonces... ¿cuál es el problema?

Es probable que la industrialización y los cambios en el estilo de vida modificaran profundamente nuestra relación con la luz solar (quizá incluso antes). En una parte del mundo dejamos atrás las hambrunas gracias al aumento de la producción de alimentos y mejoramos enormemente en higiene, sanidad, transporte y seguridad. Sin embargo, también nos alejamos de estímulos ambientales con los que evolucionó nuestra fisiología.

Muy probablemente, "tomar el sol para estar morenas/morenos", pasar 15 días en la playa y 11,5 meses en interiores, usar cabinas de bronceado o realizar actividad física bajo el sol de mediodía no son patrones de exposición que se parezcan demasiado a los que experimentó nuestra especie durante la mayor parte de su historia evolutiva. Si observamos el comportamiento de los otros animales... ¿qué suelen estar haciendo cuando el sol aprieta?

El problema no es el Sol en sí, sino la forma en que nos relacionamos con él

¿Qué nos aporta el Sol?

Temperatura, luz... VIDA. Y concretamente a nosotros, como humanos, regulación de los ritmos biológicos (pone en hora nuestro reloj interno, fundamental para la regulación hormonal), descanso, vitamina D (con todo lo que esta pequeña molécula implica para la salud), salud mental... y actualmente también estamos investigando sobre su implicación en la salud cardiovascular e inmunitaria. Como vemos, la luz solar es un estímulo ambiental importante para múltiples funciones fisiológicas.

Hace más de dos mil años, los textos clásicos de la Medicina Tradicional China (MTC) ya explicaban que la salud depende de vivir en armonía con los ritmos de la naturaleza. Hoy sabemos que la exposición a la luz solar sincroniza nuestros relojes biológicos y regula numerosos procesos fisiológicos, la ciencia habla de crononutrición, cronobiología... Aunque el lenguaje sea diferente, la conclusión resulta sorprendentemente similar.

"El sabio sigue el Yin y el Yang y vive en armonía con las cuatro estaciones."  — Huangdi Neijing

¿Qué son los rayos UVA, UVB y UVC?

Cuando hablamos de "radiación solar" en realidad estamos simplificando mucho. La luz que llega del Sol está formada por diferentes tipos de radiación y no todas tienen los mismos efectos sobre nuestra salud.

  • UVC: son los rayos ultravioleta (UV) más energéticos y potencialmente los más dañinos. Afortunadamente, la capa de ozono absorbe prácticamente toda esta radiación antes de que llegue a la superficie terrestre.

  • UVB: representan una pequeña parte de la radiación ultravioleta que llega a la Tierra (5%). Son los principales responsables de las quemaduras solares y desempeñan un papel fundamental en el desarrollo de algunos cánceres de piel. Sin embargo, también son los responsables de iniciar la síntesis de vitamina D en nuestra piel.

  • UVA: tienen menos energía que los UVB pero llegan en mayor cantidad a la superficie terrestre (95%) y atraviesan las nubes con más facilidad (¡cuidado con los días nublados!). Penetran más profundamente en la piel y se relacionan especialmente con el fotoenvejecimiento (manchas, arrugas y pérdida de elasticidad). También contribuyen al desarrollo de cáncer de piel.


¿Qué riesgos tiene quemarme?

En la piel: cáncer de piel, lesiones premalignas y fotoenvejecimiento.

En los ojos: cataratas, pterigión y cánceres de la superficie ocular.

Tenemos evidencia sólida de que la exposición de la piel al sol que causa enrojecimiento aumenta el riesgo de cáncer de piel. Por lo tanto, si tu piel se pone roja, te has pasado. Cada persona tiene un tiempo diferente antes de alcanzar ese límite y conviene conocerlo.


¿Y antes de quemarme?

La radiación UV puede producir daños en el ADN incluso antes de que aparezca una quemadura visible. Sin embargo, la relación entre exposiciones menores y riesgo de enfermedad es mucho más compleja, ya que intervienen numerosos factores, entre ellos la capacidad individual de reparar esos daños.

La evidencia epidemiológica sugiere que, especialmente para el melanoma, las exposiciones intensas e intermitentes parecen asociarse a más riesgo que las exposiciones frecuentes y moderadas que no producen quemaduras. Es decir, pasar once meses al año prácticamente en interiores y concentrar gran parte de la exposición solar durante las vacaciones podría ser un escenario menos favorable que una exposición habitual, moderada y adaptada a cada persona.

Aun así, para algunas personas con una elevada susceptibilidad genética o fenotípica al cáncer de piel, es posible que no exista una dosis completamente segura de radiación UV. Como veis, el abanico de posibilidades es enorme.


Hablemos brevemente de cáncer de piel

El cáncer de piel es el cáncer que más diagnosticamos en la población con piel clara. En Europa, aproximadamente 1 de cada 3 nuevos cánceres diagnosticados corresponde a un cáncer de piel (aunque esta cifra varía según el país y el registro utilizado). Afortunadamente, la mayoría se diagnostican a tiempo y tienen muy buen pronóstico, especialmente los cánceres de piel no melanoma.

El melanoma no es el cáncer de piel más frecuente, pero sí el más letal.

Existen 2 tipos de cáncer de piel muy diferentes:

  • No melanoma: a su vez lo dividimos en 2 tipos y se asocia con una exposición solar acumulada a lo largo de los años.

    • Carcinoma basocelular: Es el más frecuente, representa el 80-90% de los cánceres de piel que diagnosticamos. Lo encontramos en zonas de la piel expuestas al sol (cuero cabelludo, cara, hombros...) Prácticamente nunca produce metástasis (<0,1%), aunque puede crecer de forma lenta e invadir los tejidos cercanos si no se trata. Mortalidad prácticamente nula.

    • Carcinoma epidermoide: puede llegar a representar el 20-25% de los cánceres de piel que diagnosticamos. Tiene mayor capacidad de invadir tejidos y, en un pequeño porcentaje de casos, puede producir metástasis (<5%), especialmente cuando la persona presenta factores de alto riesgo o no se trata a tiempo. La mortalidad global es muy baja.

  • Melanoma: por suerte el menos frecuente de todos y el que realmente nos pone nerviosos a los médicos. El melanoma puede ser muy agresivo, invadir tejidos a su alrededor y metastatizar. Aún así, la supervivencia a los 5 años supera el 98-99% en melanomas estadio I (los que se diagnostican muy precozmente). Se relaciona con sobreexposiciones solares intensas, intermitentes y con las quemaduras solares, sobre todo durante la infancia y la adolescencia:

Siempre que te observes un "granito" que no cicatriza, un bulto que crece o un lunar que cambia, consulta con tu médica o médico de familia porque el tratamiento precoz tiene magníficos resultados sea el tipo de cáncer de piel que sea.


¿Y la vitamina D?

Escribiré sobre ella con detalle próximamente porque merece un artículo propio. De momento os adelanto que sintetizar vitamina D a través de la piel es fisiológicamente ideal, pero en la práctica no siempre resulta sencillo. La capacidad de sintetizar vitamina D depende de muchos factores: la latitud, la estación del año, la hora del día, la superficie corporal expuesta, el fototipo, la edad y los hábitos de vida.

Por ejemplo, en mi caso, con un fototipo II-III, unos pocos minutos de exposición solar intensa en una superficie corporal amplia suelen ser suficientes para iniciar una síntesis significativa sin llegar a quemarme.

El problema es que en Catalunya (donde vivo), especialmente durante los meses de otoño e invierno, por la latitud a la que estamos la radiación UVB disponible suele ser insuficiente o muy limitada para mantener una síntesis eficiente de vitamina D a través de la piel. Os aconsejo el libro Vitaminados, de María H. Bascuñana, para profundizar con rigor sobre el tema.

Por otro lado, un dato interesante y bastante desconocido es que la cantidad de vitamina D que sintetizamos no aumenta indefinidamente cuanto más tiempo permanecemos al sol. Una vez alcanzado cierto punto, parte de los compuestos generados durante la síntesis cutánea pueden transformarse posteriormente en moléculas biológicamente inactivas. Es decir, no por estar más tiempo al sol vas a conseguir más vitamina D. ¿Sorprendente, verdad?


¿Cuanto tiempo me puedo exponer al sol sin protección?

Depende de tu fototipo, de tus antecedentes personales, de dónde vivas, de la estación del año, de la presencia de nubes o contaminación y de muchos otros factores.

Por ejemplo, el mismo día del año a la misma hora, la radiación UV será muy diferente en Hamburgo, Sevilla o Sidney. Si además añadimos tipos de piel distintos, antecedentes personales diferentes y estilos de vida variables, resulta evidente que no existe una respuesta universal.


Entonces... ¿Nos exponemos al sol o nos protegemos? ¿En qué quedamos?

Pues depende de cada caso. Como ocurre con casi todo en salud.

Yo misma me he hecho esta pregunta muchas veces. El debate es recurrente y en él participan profesionales muy bien formados que utilizan argumentos razonables desde perspectivas diferentes. Por eso me gusta combinar la lógica, el sentido común, la evidencia científica disponible, el conocimiento tradicional y las propuestas de países con una enorme experiencia clínica y epidemiológica en este ámbito, como Australia. Este artículo es el resumen de horas de investigación para poder llegar a la respuesta que me parece más sensata:

NO TE QUEMES


A partir de aquí, el consejo debe ser individualizado. Tu equipo de medicina de familia (médicas, médicos, enfermeras y enfermeros actualizados) conoce mejor que nadie tus antecedentes, hábitos, lugar de residencia, nivel de exposición solar, fototipo y otros factores relevantes. Son quienes pueden ayudarte a encontrar el equilibrio adecuado entre riesgos y beneficios.

Por ejemplo, las personas con piel muy oscura tienen mucho menos riesgo de cáncer de piel pero suelen necesitar exposiciones solares más prolongadas para sintetizar las cantidades adecuadas de vitamina D, sobretodo si se encuentran en latitudes no acordes con su fototipo. Por eso el equilibrio riesgo-beneficio no es el mismo para todo el mundo.

En conclusión, el objetivo no debería ser minimizarla la exposición solar a toda costa, sino encontrar el equilibrio entre obtener los beneficios del sol reduciendo al máximo los riesgos. Y eso depende de cada persona.

Desde la perspectiva de la MTC, esto tiene mucho sentido. El Yang es imprescindible para la vida, pero cuando se vuelve excesivo puede ser dañino. En este caso, la salud no consiste en eliminar el Yang (el Sol), sino en mantener el equilibrio entre Yin y Yang: una exposición solar saludable que nos permita obtener lo mejor del sol.

La medicina moderna nos ayuda a comprender en detalle qué ocurre en nuestras células cuando nos exponemos al Sol. La MTC nos da una visión mucho más global y nos recuerda que formamos parte de algo mucho más grande: la Naturaleza. Ambos enfoques están señalando en la misma dirección: la salud no consiste en luchar contra la naturaleza, sino en aprender a vivir en equilibrio con ella. Ni la medicina occidental ni la MTC nos invitan a evitar el Sol, sino a relacionarnos con él de forma inteligente y respetuosa. En la mayoría de casos, la salud no está en los extremos; la generamos cuando encontramos el equilibrio.


Si te ha gustado y quieres más, compártelo con tus personas favoritas. En los siguientes artículos veremos estrategias para protección solar respetuosa y una guía práctica para elegir la mejor crema solar.


Gracias por leerme y formar parte de la revolución saludable 💚

Dra. Muntsa Royo


Bibliografía:

Neale RE, Beedle V, Ebeling PR, Elliott T, Francis D, Girgis CM, Gordon L, Janda M, Jones G, Lucas RM, Mason RS, Monnington PK, Morahan J, Paxton G, Sinclair C, Shumack S, Smith J, Webb AR, Whiteman DC. Balancing the risks and benefits of sun exposure: A revised position statement for Australian adults. Aust N Z J Public Health. 2024 Feb;48(1):100117. doi: 10.1016/j.anzjph.2023.100117. Epub 2024 Feb 12. PMID: 38350754.

Brochez L, Volkmer B, Hoorens I, Garbe C, Röcken M, Schüz J, et al. Skin cancer in Europe today and challenges for tomorrow. J Eur Acad Dermatol Venereol. 2024;00:1–6. https:// doi.org/10.1111/jdv.20368


 
 
 

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